Abelardo ganó. ¿Y ahora qué?
Queridos lectores, hace apenas unas semanas escribía sobre las elecciones en Colombia. Hoy vuelvo a hacerlo después de un giro que hace apenas un año parecía impensable. Contra la mayoría de los pronósticos, Abelardo de la Espriella ganó las elecciones y el próximo 7 de agosto, asumirá la Presidencia de la República.
Su victoria no ocurre en un vacío político. Llega en un momento en el que, como he mencionado en otros artículos, buena parte del continente parece estar girando hacia la derecha. Desde Estados Unidos y Argentina hasta Paraguay, Ecuador y El Salvador, cada vez más ciudadanos están respaldando proyectos políticos que prometen recuperar el orden, fortalecer las instituciones y reivindicar valores que durante años parecían haber quedado relegados. Colombia se suma ahora a esa tendencia.
Pero ahora comienza el reto más grande de todos: gobernar.
Los desafíos que enfrentará el nuevo presidente serán enormes: seguridad, crecimiento económico, lucha contra la corrupción, generación de empleo y recuperación institucional. Sin embargo, hay otro frente del que se habla mucho menos y que probablemente generará algunas de las batallas más intensas de su gobierno: la batalla cultural. Si algo dejó claro esta elección es que millones de colombianos esperan un cambio no sólo en la administración del Estado, sino también en la dirección moral y cultural del país.
Revisar las políticas de identidad de género
Uno de los primeros desafíos será revisar el conjunto de normas y decisiones judiciales que, durante la última década, han ampliado el reconocimiento jurídico de la llamada “identidad de género” en Colombia. Entre ellas se encuentra el Decreto 1227 de 2015, que permitió modificar el componente "sexo" en el registro civil mediante una declaración ante notario, así como varias sentencias de la Corte Constitucional que consolidaron ese enfoque en distintas áreas del ordenamiento jurídico.
Quienes cuestionamos estas políticas entendemos que el Estado ha comenzado a sustituir una realidad objetiva, el sexo biológico, por un criterio basado en la autopercepción, con consecuencias que trascienden el ámbito individual y alcanzan la educación, el deporte, las estadísticas públicas e incluso la protección de los menores. Si el nuevo gobierno pretende marcar un verdadero cambio de rumbo, tendrá que abrir nuevamente este debate y ser firme en la defensa de los niños, y protegerlos de leyes que buscan confundir su naturaleza.
Volver a poner la vida en el centro
Otro de los grandes retos será recuperar una política pública que vuelva a proteger la vida desde la concepción. La sentencia C-055 de 2022 despenalizó el aborto hasta la semana 24 de gestación, transformando profundamente el marco jurídico colombiano sobre esta materia.
Aunque el Presidente no puede revertir por sí solo una decisión de la Corte Constitucional, sí puede impulsar políticas que acompañen a las mujeres con embarazos vulnerables, fortalecer las redes de apoyo a la maternidad, promover la adopción y liderar un debate nacional sobre la protección del no nacido. Después de años en los que la discusión se concentró casi exclusivamente en los derechos de la mujer, muchos esperan que el Estado vuelva a reconocer también la dignidad del niño por nacer.
Recuperar el derecho de los padres a educar a sus hijos
La educación será otro de los escenarios donde se librará una importante discusión. En los últimos años, distintos lineamientos y políticas públicas han incorporado contenidos relacionados con identidad de género y diversidad sexual en el sistema educativo, generando preocupación entre numerosas familias que consideran que la formación moral y afectiva de sus hijos corresponde, en primer lugar, a los padres y no al Estado.
Garantizar que las familias conserven ese derecho no significa impedir el respeto hacia quienes piensan diferente, sino reconocer un principio que la propia Constitución colombiana protege: los padres tienen la responsabilidad primaria de escoger la educación de sus hijos. Recuperar ese derecho será uno de los desafíos más importantes para reorientar la brújula moral para el próximo gobierno.
La elección de Abelardo de la Espriella representa, para muchos colombianos, el inicio de una nueva etapa política. Sin embargo, la historia demuestra que las victorias electorales, por sí solas, no transforman un país. Las leyes pueden cambiarse, los gobiernos pasan y las mayorías se alternan, pero la verdad permanece.
Gobernar exige mucho más que administrar un Estado; exige tener claridad sobre el rumbo que se quiere dar a una nación y la convicción para sostenerlo frente a las presiones del momento.
El 7 de agosto no será el final de un camino, sino el comienzo de la tarea más difícil. Millones de colombianos depositaron su confianza en la promesa de un cambio. Ahora le corresponderá al nuevo presidente demostrar que ese cambio puede traducirse en políticas concretas que fortalezcan la vida, la familia y las libertades fundamentales. Sólo entonces podrá decirse que Colombia no cambió simplemente de gobierno, sino que comenzó a recuperar el rumbo que muchos creían perdido.

